Aunque en la práctica también es el jefe de la Policía, el primer ministro Ramush Haradinaj afirmó que no tenía conocimiento de cuándo la policía actuó, a mediados de marzo, para arrestar a seis ciudadanos turcos.
Fueron arrestados en varios lugares de Kosovo, bajo sospecha de pertenecer a la organización FETÖ de Fetullah Gülen, considerada terrorista por el presidente turco. La acción fue condenada internacionalmente y el propio Haradinaj se pronunció en contra, pero el presidente Thaçi la justificó.
Los turcos fueron deportados a Estambul de forma dramática, y se informó que fueron los propios agentes turcos del MIT quienes los recogieron. Sin embargo, esto tuvo consecuencias políticas. Haradinaj destituyó al ministro del Interior, Flamur Sefaj, y al director de la AKI, Driton Gashi. Desde Ankara, Erdogan le envió a Haradinaj un mensaje insinuando que él también podría ser destituido, mensaje que Haradinaj transmitió casi en silencio.
La saga de las deportaciones continuó durante todo el año, con la creación de una comisión investigadora por parte del Parlamento, que invitó a los protagonistas a declarar. Haradinaj acudió, pero el presidente Thaçi se negó.
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