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Hani i Elezit y el nombre que inmortalizó al general serbio

A diferencia del período 1912-1999, después del establecimiento de

A diferencia del período 1912-1999, tras el establecimiento de la administración de las Naciones Unidas en Kosovo en junio de 1999, se restauró el nombre histórico "Hani i Elezit", lo que marcó el fin del uso oficial del topónimo "General Janković" en las instituciones de Kosovo.

A diferencia de Ferizaj y Skopje, donde el cambio de nombre marcó el establecimiento y la afirmación de la autoridad de la nueva administración, el caso de Hani i Elezit ilustra la función conmemorativa de la política de la toponimia. El nombre «General Janković» no solo buscaba la identificación administrativa del asentamiento, sino también perpetuar la figura del comandante serbio en el propio espacio ocupado, transformando el topónimo en un monumento simbólico de la ocupación. Esto se produjo en un clima caracterizado por ejecuciones, deportaciones, incendios de asentamientos y el establecimiento de la administración militar serbia sobre la población albanesa.

Conmemoración de la ocupación a través de la toponimia

El cambio de nombre de Hani i Elezit a Gjeneral Janković tuvo un carácter político y conmemorativo directo. A diferencia del nombre tradicional, vinculado a la historia local y a la función del asentamiento como posada y punto de comunicación, el nuevo nombre inmortalizó la figura del general serbio Božidar Janković, uno de los principales comandantes del ejército serbio durante la ocupación de Kosovo y la penetración en Albania. En este caso, la toponimia se transformó en un monumento simbólico de la ocupación: el lugar recibió el nombre del comandante del ejército que lo había ocupado. A diferencia de Ferizaj y Skopje, donde el cambio de nombre marcó el establecimiento y la afirmación de la autoridad de la nueva administración, el caso de Hani i Elezit ilustra la función conmemorativa de la política toponimia. El nombre «Gjeneral Janković» no solo buscaba la identificación administrativa del asentamiento, sino también inmortalizar la figura del comandante serbio en el propio espacio ocupado, transformando la toponimia en un monumento simbólico de la ocupación. Esto ocurrió en un contexto caracterizado por ejecuciones, deportaciones, incendios de asentamientos y la imposición de la administración militar serbia sobre la población albanesa. La Comisión Internacional Carnegie describió las políticas serbias en los territorios ocupados como un proceso de «asimilación mediante el terror», cuyo objetivo era eliminar o someter a los elementos no serbios y transformar una reivindicación nacional en una realidad administrativa (Carnegie Endowment for International Peace, 1914, pp. 148-165). 

El año 1999 y la restauración del nombre tradicional 

A diferencia del periodo 1912-1999, tras el establecimiento de la administración de las Naciones Unidas en Kosovo en junio de 1999, se restauró el nombre histórico de «Hani i Elezit», lo que marcó el fin del uso oficial del topónimo «General Janković» en las instituciones kosovares. Esta restauración representó no solo un cambio administrativo, sino también la recuperación de un nombre tradicional vinculado a la historia y la identidad local del asentamiento. Tras la declaración de independencia de Kosovo en 2008, el nombre de Hani i Elezit se consolidó finalmente como el nombre oficial del municipio y del asentamiento, mientras que en el lado serbio esta ciudad y punto fronterizo continúa llamándose «General Janković». Este contraste demuestra que la toponimia sigue formando parte de la política de la memoria y la competencia simbólica entre los dos estados, incluso después del fin del conflicto.

La toponimia y la consolidación del poder ocupante.

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En este contexto, el cambio de topónimos es inseparable de la violencia militar y la transformación de la estructura de poder. Fuentes internacionales informan que la toma de ciudades de Kosovo por el ejército serbio estuvo acompañada de ejecuciones extrajudiciales, ejecuciones colectivas, la quema de aldeas y la expulsión de la población albanesa. En Ferizaj, Prizren, Prishtina y otras ciudades, la nueva administración se estableció mientras la población local sufría terror militar y la pérdida de sus derechos civiles. Por lo tanto, el cambio de nombre de las ciudades no fue el resultado de un procedimiento administrativo libre ni de un desarrollo lingüístico orgánico, sino un acto de la autoridad ocupante, llevado a cabo en condiciones de falta de representación y oposición de la mayoría de la población (Carnegie Endowment for International Peace, 1914, pp. 148-165; Ukshini, 2022). En este sentido, el cambio de topónimos debe considerarse parte de la política más amplia de consolidación del poder serbio sobre los territorios ocupados en 1912. En los estudios contemporáneos sobre la memoria colectiva, la denominación del espacio se considera uno de los principales mecanismos de construcción de la memoria pública. El cambio de topónimos no es solo un acto administrativo, sino una intervención en la forma en que las comunidades recuerdan el pasado y conciben su territorio. Por esta razón, la política de toponimia ha sido un instrumento frecuentemente utilizado por los Estados en los procesos de conquista, colonización y construcción de identidades nacionales. El caso de Kosovo demuestra que el control sobre el territorio no se ejerce únicamente mediante la fuerza militar, sino también mediante el control de los nombres, la cartografía y la memoria histórica. En este sentido, la política de toponimia constituyó un componente del proceso más amplio de serbización simbólica de los territorios ocupados, a través del cual la nueva administración pretendía no solo consolidar el poder político, sino también transformar la identidad histórica y cultural del espacio. Precisamente por ello, la evaluación de estas prácticas no puede limitarse al aspecto histórico, sino que también requiere su examen a la luz de los principios del derecho internacional de la ocupación.

El texto afirma, entre otras cosas: “Un número de albaneses, estimado en alrededor de 3000 personas, se han reunido cerca de la estación de tren de Verisović...” Fuente: Heinrich von Zambaur, Telegrama, Mitrovica, 5 de julio de 1908, HHStA (Archivo de la Casa, del Palacio y del Estado, Viena), Archivo Político (PA), XXXVIII/Kt. 386, n.º 43, Zambaur en Aehrenthal.

Evaluación jurídica del cambio de topónimos 

Desde un punto de vista jurídico, debe hacerse una distinción entre lo que el Convenio de La Haya prevé expresamente y su interpretación en la doctrina contemporánea del derecho de ocupación. El Reglamento de La Haya de 1907 no contenía una disposición que prohibiera explícitamente el cambio de topónimos. Sin embargo, el artículo 43 obligaba a la potencia ocupante a adoptar las medidas necesarias para restablecer y garantizar el orden y la seguridad públicos (orden publico y seguridad), respetando, salvo en casos de impedimento absoluto, las leyes vigentes en el territorio ocupado (leyes vigentes en el paísEn este contexto, el cambio sistemático de topónimos con fines de transformación de la identidad y legitimación de la anexión resulta difícil de conciliar con la obligación de preservar el ordenamiento jurídico vigente y con el carácter temporal de la administración militar (Convenio de La Haya IV, 1907, art. 43). Por ello, en la formulación académica es más preciso afirmar que estos cambios fueron actos impuestos, jurídicamente cuestionables y políticamente ilegítimos, que declararlos sin reservas como un delito penal expresamente definido por el derecho internacional de 1912. Su ilegalidad se derivó del contexto de ocupación, de la anexión unilateral, de la negación de la voluntad de la población local y del uso de la toponimia como instrumento de asimilación. En la concepción contemporánea, los nombres geográficos también se consideran parte del patrimonio lingüístico y cultural de las comunidades; por consiguiente, su desaparición o sustitución sistemática constituye una injerencia en la memoria histórica y la identidad cultural del territorio (Grupo de Expertos de las Naciones Unidas sobre Nombres Geográficos [UNGEGN], 2015). 

La serbización simbólica del territorio: la iglesia, la administración y la memoria histórica.

La política de cambio de nombres no fue un fenómeno aislado, sino parte de un programa más amplio de transformación simbólica del territorio, que también abarcaba la educación, la administración, la antroponimia y las instituciones religiosas. Mediante estos mecanismos, la administración serbia pretendía no solo consolidar el control político sobre el territorio ocupado, sino también crear una nueva identidad histórica y cultural, basada en la narrativa estatal serbia. En este contexto, la intervención en la toponimia estuvo acompañada de cambios en la antroponimia, la administración, la educación y la organización de la vida religiosa.

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Un paso más allá fue la construcción o el énfasis en la presencia de iglesias ortodoxas serbias como argumento para afirmar que el territorio había sido histórica y continuamente serbio. Sin embargo, el desarrollo histórico de la Iglesia Ortodoxa en el Imperio Otomano fue más complejo que la narrativa nacional serbia de los siglos XIX y XX. Miodrag Popović señala que la Iglesia Ortodoxa gozó de autonomía religiosa y cultural bajo la administración otomana, que los monasterios fueron protegidos por los berats sultánicos y que también se construyeron nuevas iglesias durante los siglos XVI y XVII. Por esta razón, la existencia de monumentos ortodoxos no puede utilizarse automáticamente como prueba de la soberanía serbia moderna ni de una continuidad nacional serbia exclusiva sobre Kosovo (Popović, 2026).

En la misma línea, la política eclesiástica serbia al final del período otomano estuvo estrechamente vinculada a las rivalidades nacionales y geopolíticas en el Vilayato de Kosovo y Macedonia. Los informes consulares austrohúngaros documentan los esfuerzos por fortalecer la influencia serbia a través de escuelas, eparquías e instituciones religiosas, incluyendo proyectos para establecer estructuras eclesiásticas serbias en Skopje, Raška-Prizren y Veles-Dibar (Schmitt y Frantz, 2020, pp. 59-70). La política rusa hacia el Oriente ortodoxo reforzó este proceso, considerando a la Iglesia ortodoxa y la cuestión de los metropolitanos como instrumentos de influencia política en los Balcanes (Gerd, 2014, pp. 54-60). 

Nota sobre la Asamblea de Ferizaj del autor alemán Jäckh, Ernst. Im türkischen Kriegslager durch Albanien. Heilbronn: Eugen Salzer, 1911, pág. 49

La toponimia como instrumento de apropiación simbólica del territorio

Así, la sustitución de los nombres de Ferizaj, Üsküb y Hani i Elezit por Uroševac, Skopje y Gjeneral Janković constituyó algo más que un simple cambio formal de nomenclatura administrativa. Formaba parte de una estrategia de apropiación simbólica del territorio: primero se estableció el poder militar, luego se cambió el nombre del país, se institucionalizó la lengua del conquistador, se erigieron sus símbolos religiosos y estatales y, finalmente, esta transformación se utilizó como argumento para afirmar que el territorio había sido «siempre» serbio. La toponimia se transformó así en un instrumento de política territorial y de construcción de la memoria, mediante el cual la conquista pretendía adquirir la apariencia de un derecho histórico. De este modo, la toponimia sirvió no solo como medio de identificación geográfica, sino también como instrumento de poder político, a través del cual la administración serbia buscaba transformar la memoria histórica del territorio y presentar la anexión como una continuidad histórica. En este sentido, la política de la toponimia constituyó un instrumento para construir una soberanía simbólica, a través del cual la conquista militar pretendía transformarse en una reivindicación histórica, política y territorial sostenible. 

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El cambio de topónimos albaneses en los territorios ocupados del Vilayato de Kosovo después de 1912 no fue resultado de un proceso lingüístico espontáneo ni de una estandarización administrativa, sino que formó parte de una política estatal de serbización simbólica del territorio. El análisis de fuentes diplomáticas austrohúngaras, cartografía contemporánea, prensa europea y documentación historiográfica demuestra que los nombres tradicionales se siguieron utilizando hasta el establecimiento de la administración serbia, mientras que la nueva nomenclatura se institucionalizó como parte de la consolidación del poder en los territorios ocupados. Los casos de Ferizaj, Skopje y Hani i Elezit prueban que el cambio de nombre no solo tuvo una función administrativa, sino que sirvió para afirmar la autoridad del ocupante, transformar el paisaje simbólico y construir una nueva narrativa histórica.

Basado en el enfoque de toponimia críticaEl estudio sostiene que la política de la toponimia formaba parte de una estrategia más amplia de serbización simbólica, mediante la cual la administración ocupante pretendía reconfigurar la relación entre territorio, identidad y memoria histórica. En este sentido, el caso de Kosovo representa no solo un episodio de la historia local, sino un ejemplo significativo del uso de la toponimia como instrumento de poder en contextos de ocupación y construcción del Estado-nación, situando la experiencia de Kosovo en el debate internacional más amplio sobre la política de la denominación del espacio.