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Alemania, Kosovo y la ética del orden tras la Guerra Fría.

Manifestación en Pristina, marzo de 1998 (Foto: Imre Sabo)

Manifestación en Pristina, marzo de 1998 (Foto: Imre Sabo)

Por primera vez, el público albanés tiene a su disposición un estudio exhaustivo que explica no solo la actuación de Alemania hacia Kosovo, sino también su razonamiento, sus dudas, el momento en que cambió de rumbo y las condiciones en que asumió la responsabilidad histórica, es decir, cómo el caso influyó en la continua evolución de la política exterior alemana. La importancia del libro de Sylë Ukshin, «El papel de la política exterior alemana hacia Kosovo 1990-2008», se acentúa aún más hoy en día, a la luz del contexto internacional actual. En un momento en que el orden liberal posterior a la Guerra Fría se cuestiona cada vez más y el concepto de intervención humanitaria se relativiza, el estudio de Ukshin nos recuerda que la creación del Estado de Kosovo no fue un hecho histórico fortuito ni un regalo geopolítico.

El libro de la historiadora Sylë Ukshini, "El papel de la política exterior de Alemania hacia Kosovo 1990-2008", representa una de las contribuciones más importantes a la historiografía política albanesa después de 1999. Esta importancia radica no solo en que la obra aborda el papel de un actor internacional clave en los procesos de compromiso, internacionalización y formación del Estado de Kosovo, sino también en la forma en que se analiza este papel: a través de un enfoque de archivo riguroso, basado en fuentes alemanas, parlamentarias y diplomáticas, y articulado desde una perspectiva epistémica kosovar.

Este enfoque distingue fundamentalmente el libro de la literatura albanesa existente. Durante décadas, la historia de Kosovo se ha contado principalmente desde dentro, con romanticismo, y desde fuera: por diplomáticos occidentales, académicos anglófonos o alemanes, y mediante narrativas que han tratado a Kosovo como un objeto de crisis, no como un sujeto histórico. Ukshini subvierte esta lógica sin caer en interpretaciones limitadas por el contexto local ni en apologías nacionalistas. No idealiza el papel de la Alemania reunificada, sino que lo analiza con rigor académico, basándose en fuentes de archivo y con plena conciencia de las limitaciones, las dudas y las ambigüedades que acompañaron dicho papel.

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Por primera vez, el público albanés tiene a su disposición un estudio completo que explica no solo lo que Alemania hizo con Kosovo, sino también cómo lo pensó, por qué dudó, cuándo cambió de postura y bajo qué condiciones asumió la responsabilidad histórica, así como la influencia que tuvo el caso en la continua evolución de la política exterior alemana.

La relevancia del libro hoy en día se acentúa aún más a la luz del contexto internacional actual. En un momento en que el orden liberal posterior a la Guerra Fría se cuestiona cada vez más y el concepto de intervención humanitaria se relativiza, el estudio de Ukshin nos recuerda que la creación del Estado de Kosovo no fue un hecho histórico fortuito ni un regalo geopolítico, sino el resultado de un largo proceso normativo, moral e institucional. En este proceso, actores internacionales como Alemania desempeñaron papeles importantes en momentos decisivos, pero siempre en compleja interacción con la resistencia, la resiliencia y la capacidad de acción política de la propia sociedad kosovar.

Desde esta perspectiva, el libro no es solo un estudio de Alemania. Es también una profunda reflexión sobre la subjetividad política de Kosovo en la historia: sobre cómo un tema considerado durante años «periférico», «peligroso» o «desestabilizador» se convirtió gradualmente en una prueba fundamental de la propia identidad moral de Europa después de 1989. Kosovo, en el análisis de Ukshin, no es simplemente un objeto de la política exterior alemana; es un momento decisivo en la transformación de Alemania, de una potencia históricamente autosuficiente a un actor que asume responsabilidades normativas más allá de sus fronteras. Precisamente por ello, este libro tiene importancia no solo historiográfica, sino también política y académica. Proporciona a académicos, estudiantes, diplomáticos y responsables de la toma de decisiones del Estado de Kosovo un marco analítico que muestra cómo se construye la posición de la política exterior de una gran potencia, cómo se interpretan las operaciones y las vacilaciones diplomáticas, cómo se decodifican los compromisos morales y cómo se comprende el largo proceso de toma de decisiones internacionales.

Este libro no es solo un estudio sobre Alemania. Es también una profunda reflexión sobre la subjetividad política de Kosovo en la historia: sobre cómo un tema considerado durante años "periférico", "peligroso" o "desestabilizador" se convirtió gradualmente en una prueba fundamental de la propia identidad moral de Europa después de 1989.

Tesis básica: Del cierre de la cuestión alemana a la apertura de la cuestión de Kosovo.

Una de las tesis más convincentes y, a la vez, más implícitas del libro de Sylë Ukshini es la idea de que la reunificación de Alemania en 1990 representó no solo el cierre de un capítulo histórico europeo, sino también la apertura de un nuevo ciclo político, en el que los problemas no resueltos de las periferias del continente se volvieron gradualmente inevitables. Según esta lógica, la resolución del «asunto alemán», que durante décadas había estructurado la arquitectura de seguridad europea, creó el espacio político, diplomático y normativo para el surgimiento de otros asuntos «cerrados», incluido Kosovo desde el establecimiento del sistema de Versalles.

Ukshin interpreta este proceso no como una transición lineal de la Guerra Fría al orden liberal, sino como una etapa intermedia plagada de incertidumbre, temores históricos y dilemas morales, especialmente para Alemania. Tras 1990, Berlín se encontró en una posición paradójica: era el Estado más poderoso de Europa, tanto económica como demográficamente, pero al mismo tiempo el que sentía con mayor intensidad la necesidad de moderación política. La normalidad que buscaba la Alemania reunificada no era la dominación, sino la credibilidad; no la expansión, sino la legitimidad.

Esta doble situación también explica su relación inicial con Kosovo. Hasta mediados de la década de 90, Kosovo permaneció al margen de la diplomacia europea no porque fuera invisible, sino porque era políticamente peligroso: un asunto que corría el riesgo de sentar un precedente para la redefinición de las fronteras, reavivar los temores de una mayor desintegración de Yugoslavia y colocar a Alemania en el centro de acusaciones de desestabilizar el sudeste de Europa, una acusación históricamente delicada para Berlín.

En este contexto, la marginación de Kosovo en Dayton no aparece, según la interpretación de Ukshin, como un acto diplomático cínico o indiferente, sino como una elección estratégica calculada, documentada en archivos alemanes y debates internos. Alemania optó por posponer la cuestión de Kosovo en ese momento, al reconocer la injusticia que representaba, pero en esas circunstancias, para los principales países del Grupo de Contacto (una especie de nuevo Concierto Europeo), la prioridad absoluta era la estabilización de Bosnia y la preservación de un orden europeo mínimo tras un período de agitación. Esto confiere especial importancia al análisis de Ukshin: despoja a la diplomacia de mitos morales, sin reducirla a una fría realpolitik.

De este modo, el libro ofrece una comprensión estructural del tiempo histórico: la resolución del conflicto de Kosovo no se retrasó por falta de importancia, sino porque el sistema internacional aún no estaba preparado para afrontar sus implicaciones y, sobre todo, porque la desintegración de la creación de Versalles se desarrollaba por etapas. Solo cuando Alemania y Europa comenzaron a liberarse del trauma de la reunificación, del temor a repetir la historia y de la ilusión de estabilidad que brindaba el statu quo, se abrió el camino para un tratamiento serio del problema de Kosovo, cuya solución cerró el último capítulo de la desintegración de la Yugoslavia de Versalles.

De “poder civil” a actor normativo: la transformación alemana

Otro pilar fundamental del libro es el análisis de la transformación gradual de Alemania, desde lo que la literatura ha definido como Zivilmacht —un poder civil orientado hacia la diplomacia, el multilateralismo y el rechazo a la fuerza— hasta convertirse en un actor normativo que acepta el uso de la fuerza como último recurso moral y político. Esta transformación no se produce de forma repentina ni como resultado de una ambición estratégica, sino como consecuencia de una serie de crisis que ponen en entredicho la propia identidad moral del Estado alemán.

Ukshin considera a Bosnia como la vanguardia de este proceso: un trauma político que puso al descubierto los límites del pacifismo absoluto frente al genocidio. Sin embargo, Kosovo constituye el verdadero punto de inflexión. Allí, Alemania dejó de ser un mero testigo o mediador diplomático para convertirse en participante activo de una intervención militar sin mandato directo de la ONU, un acto impensable para la política alemana en décadas anteriores.

En el centro de este giro se encuentra lo que Ukshin documenta como un despertar moral institucional. Los debates en el Bundestag sobre el uso de la Bundeswehr, los dilemas legales sobre la constitucionalidad de la intervención y los enfrentamientos dentro de la élite política alemana se presentan no solo como discusiones formales, sino como señales de una crisis de identidad. La pregunta no era simplemente ¿debíamos intervenir?, sino ¿qué significa ser Alemania después de Auschwitz? Era una época en la que Alemania debía rendir cuentas con mayor rigor.

El famoso discurso de «Nie wieder Auschwitz» (nunca más Auschwitz), articulado por el ministro de Asuntos Exteriores alemán, Joschka Fischer, marca precisamente este momento de reescritura normativa: de «nunca más la guerra» a «nunca más la indiferencia ante los crímenes masivos». Esta fue la respuesta de Fischer a los ataques lanzados contra él por la izquierda radical, ya que este lema, junto con el de «Nunca más la guerra», se había desplegado como la única obligación que emergía de la historia reciente de Alemania. Fischer, el recién nombrado ministro de Asuntos Exteriores del gobierno rojiverde, utilizó la memoria de Auschwitz para justificar la participación militar alemana en la guerra de Kosovo. «Milosevic parecía haber olvidado que Europa ya no vivía en 1937, sino que había llegado a 1999 y se basaba en valores completamente diferentes», cita Ukshini la opinión de Joschka Fischer.

En esta lógica, el uso de la fuerza no se considera una negación de la historia alemana, sino una respuesta a ella. Ukshini muestra cómo este argumento moral, combinado con el pragmatismo estratégico del canciller Gerhard Schröder, creó un nuevo consenso político que sacó a Alemania de la política de contención estratégica y normativa que había adoptado tras la Segunda Guerra Mundial como respuesta al peso histórico del pasado nazi y como compromiso con un orden internacional basado en normas, multilateralismo y responsabilidad colectiva.

Continuará en el próximo número del Suplemento Cultural