Opinión

Las elecciones del 28 de diciembre enfrentan el desafío de los deepfakes: El ciudadano crítico como antídoto a la desinformación

Las elecciones del 28 de diciembre serán una prueba importante para la sociedad kosovar en cuanto a su resistencia a las manipulaciones audiovisuales generadas con inteligencia artificial. En campañas electorales anteriores, las manipulaciones audiovisuales con inteligencia artificial eran escasas o poco frecuentes, pero ahora los deepfakes pueden producirse fácilmente incluso en albanés. Así pues, si antes se generaban deepfakes con personajes que hablaban en inglés, ahora hemos visto que la limitación lingüística ya no existe. 

Los deepfakes que circularon recientemente en redes sociales tenían algunas deficiencias, por lo que no eran perfectos. Aun así, muchos ciudadanos los comentaron como si fueran reales. Sin embargo, es importante entender que la desinformación no funciona porque las personas sean ignorantes, sino porque son humanas. Por lo tanto, se guían por la emoción en lugar de la racionalidad. Se guían por el prejuicio, en lugar del razonamiento racional. Se guían por atajos debido a la sobrecarga cognitiva, lo que impide un análisis más profundo de la información. 

Debemos trabajar para extender el juicio crítico en nuestra sociedad, incitando a las personas a analizar críticamente cada contenido mediático que encuentran y no a guiarse por lo que destacan los estudios psicológicos para explicar por qué caen en la desinformación. Nos referimos a conceptos como el sesgo de confirmación, ya que los seres humanos tendemos a creer lo que coincide con nuestras creencias; el razonamiento motivado, que implica argumentar para defender creencias o narrativas que brindan consuelo emocional, incluso cuando son falsas; y la sobrecarga cognitiva, cuando recibimos demasiada información que excede la capacidad de procesamiento del cerebro y, en consecuencia, nos resulta difícil comprenderla y analizarla con mayor profundidad. Esto lleva a las personas a elegir el atajo y a no sobrecargarse, sino a evaluar la información sin pensar ni analizarla más a fondo. La combinación de estos tres conceptos dificulta el juicio, interfiere en la forma de pensar y hace al individuo susceptible a cualquier tipo de manipulación. Por lo tanto, debemos centrarnos en el antídoto contra la desinformación: el pensamiento crítico. Pero, al mismo tiempo, debemos ser conscientes de que el pensamiento crítico no es un reflejo automático, sino un conjunto amplio de habilidades. Por lo tanto, el pensamiento crítico va más allá de identificar al autor del mensaje e incluye también analizar quién se beneficia de dicho contenido mediático. 

El pensamiento crítico puede ser eficaz cuando la persona es consciente de las posibilidades que ofrece la inteligencia artificial hoy en día para generar audio y vídeo, incluso en albanés. Al comprender cómo se crea un deepfake, podremos deconstruir el mismo contenido mediático. Por lo tanto, debemos esforzarnos por fomentar el pensamiento crítico de los ciudadanos y su capacidad para juzgar el contenido mediático en nuestra sociedad, para que cada ciudadano esté preparado para afrontar el entorno informativo que le rodea con dignidad. 

En un estudio sobre la dinámica de la exposición a la desinformación y la fiabilidad de la información en Kosovo, cuya publicación está prevista para el primer semestre de 2026, junto con el coautor del estudio, el profesor británico Darren Lilleker, proponemos la implementación de una solución multinivel, tanto en la educación formal como en la informal, con la participación de diversos actores sociales, instituciones políticas y educativas, los medios de comunicación y la sociedad civil. La educación mediática es la asignatura que debería incluirse en los planes de estudio desde la educación primaria. Para ello, es necesario contar con una estrategia y un currículo nacionales, así como preparar a los docentes de educación mediática para una extensión efectiva de la educación mediática en la sociedad. Actualmente, la educación mediática se imparte como asignatura optativa, en algunos casos, y se deja a la discreción del profesorado, que desea dotar a los estudiantes de los conocimientos y las habilidades clave en relación con los medios, la información y la tecnología. Además de los cursos de alfabetización mediática que dotarían a las generaciones más jóvenes de las herramientas, los conocimientos y las habilidades necesarias para evaluar críticamente las fuentes e identificar la manipulación, también es importante que las organizaciones de la sociedad civil y los medios de comunicación organicen campañas de concienciación pública, talleres y programas de formación para periodistas centrados en identificar y contrarrestar la desinformación. Asimismo, las colaboraciones entre instituciones educativas, organizaciones de verificación de datos, como Krypometer y Hibrid, y los medios de comunicación, podrían ser una buena solución para superar la brecha existente entre la práctica de la verificación de datos y la recepción diaria de información. 

Estas actividades fomentan una ciudadanía más crítica y resistente a la desinformación, que no podemos eliminar por completo, pero sí podemos limitar su alcance e impacto mediante la educación mediática y el pensamiento crítico. Por lo tanto, es fundamental que nuestra sociedad cuente con ciudadanos más informados y críticos, capaces de desenvolverse en un mundo informativo cada vez más complejo.

Al aumentar la resistencia social a la manipulación de la información con o sin el uso de inteligencia artificial, contribuimos directamente a fortalecer la democracia.