La película "Afterwar" profundiza en las secuelas de la guerra de Kosovo a través de los ojos de algunos niños ya mayores, al mismo tiempo que ofrece una narrativa cinematográfica audaz que une la realidad y la ficción para ofrecer un poderoso testimonio de la resiliencia humana.
Berlín, 20 de febrero ("Reportaje sobre el festival de cine") - "Afterwar" tuvo su estreno mundial en la 74ª edición del festival internacional de cine de Berlín, "Berlinale", dentro de la programación "Panorama". La película que se estrenó este lunes está dirigida por la danesa Birgitte Stærmose y profundiza en las consecuencias de la última guerra de Kosovo (1998-1999), especialmente a través de la mirada de niños que ya son adultos. Con un enfoque cinematográfico audaz y una estrecha colaboración con los personajes, Stærmose ofrece un relato profundo y poético de la lucha diaria por la supervivencia y la búsqueda de la dignidad en un país devastado por la guerra.
Ya en las primeras imágenes de archivo, el espectador se enfrenta a las ruinas del Kosovo de posguerra. Las ruinas, los paisajes destruidos y los niños hambrientos que venden maní y cigarrillos para sobrevivir dan testimonio del impacto devastador de la guerra sobre la población. Durante los 15 años que dura el documental, estos niños han crecido, pero sus pasados traumáticos continúan atormentándolos en el presente, creando un continuo inquietante entre el pasado, el presente y el futuro presentado como los tres capítulos de la película.
La singularidad y la fuerza de la película residen en su enfoque sorprendente y atrevido, que rompe periódicamente la cuarta pared, permitiendo a los personajes dirigirse directamente al público y compartir sus historias y traumas con una honestidad desgarradora. En escenas de su vida cotidiana, los personajes establecen contacto visual con los espectadores y les susurran. La cámara los aísla para que puedan expresar lo que pesa en sus corazones cada día. Sus traumas no son sólo cosa del pasado; siguen vivos y los acompañan en cada momento de la vida. De adultos, los insoportables recuerdos de la guerra los atormentan.
Paradójicamente, sus susurros tienen el efecto de gritos más potentes y transmiten la intensidad del dolor y, a veces, incluso de la desesperación. Susurran porque lo que están hablando es demasiado grande y demasiado fuerte. Este susurro también representa metafóricamente el hecho de que no se atreven a despertar este pasado extremadamente doloroso, sino que intentan en lo posible evitar que regrese a sus vidas hoy, como si existiera un código de silencio en la sociedad o al menos un sentimiento común que hay que avanzar y dejar atrás el pasado.
En definitiva, "Afterwar" es como una actuación artística. Los personajes aportan su bagaje emocional, trauma e historia, mientras el director prepara una escena para que se expresen libremente. Esta película es en realidad el resultado de un encuentro entre estos personajes y un director. Es una especie de documental artístico que desdibuja los géneros en los que está presente la instrucción, pero sirve para permitir que emerja la realidad, la credibilidad del testimonio.
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En esta película, el director parece darles a los personajes una hoja en blanco y lápices y les pide que dibujen su experiencia. Les permite expresarse y hablar libremente. El espectador siente que se trata de un proyecto colaborativo. La película sirve como una herramienta que ayuda a que los personajes tengan una voz que se escuche. Al mismo tiempo, ofrece al público una experiencia atractiva y extremadamente conmovedora.
El proceso de co-construcción de la película es aún más interesante e importante porque ayuda a romper la relación potencialmente jerárquica entre el director y los personajes. "Afterwar" no pretende menospreciar y degradar aún más a los personajes principales. Por el contrario, este proceso les permite recuperar cierta dignidad, involucrándolos en el proyecto como cocreadores y no simplemente como sujetos miserables a ser filmados.
El montaje del dúo formado por Stefan Sundlöf y Anne Østerud también está realizado al detalle. Los paralelos entre las escenas de los personajes cuando eran niños y luego como adultos subrayan la persistencia de los traumas de la guerra muchos años después. Los niños perdidos, traumatizados y hambrientos que alguna vez fueron continúan viviendo dentro de ellos incluso hoy.
La voz, con todos sus ecos apagados, contribuye a crear una atmósfera de melancolía y amargura, subrayando el peso constante del pasado sobre el presente. Sin ser excesiva, sin ser cargada, la música compuesta por Erik K. Skodvin juega a la perfección su papel de subrayar la continuidad en la trayectoria de estos personajes desde la infancia hasta la actualidad. Quince años después, los personajes siguen desarrollándose en la misma atmósfera, en el mismo olvido, pasando por los mismos lugares y, a veces, adoptando las mismas poses ante la cámara. Así, la película pone de relieve la fatalidad que les pesa, la pesadilla en la que están inmersos que no termina nunca y parece no tener fin.
"Afterwar" se considera una obra fascinante y desestabilizadora, ya que derriba las barreras emocionales del espectador rompiendo la cuarta pared. Con su respeto y aprecio por los personajes, con quienes logra una colaboración significativa y controlada, Stærmose maneja una historia conmovedora y profunda que cruza los límites entre la realidad y la ficción para entregar un poderoso mensaje sobre la continuidad de los traumas de la guerra y la resiliencia humana en ante tales desastres.
Tomado de "Informe del festival de cine". Traducido por: Edona Binaku
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